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Desde los bajos fondos de las ciudades hasta las tierras salvajes
Los pícaros rondan los abarrotados barrios marginales de ciudades como Marienburgo, Altdorf y Nuln. Estos individuos no se ganan la vida con un trabajo honesto, sino con engaños, extorsiones o roos, impulsados a la delincuencia por la pobreza, la pereza, la desesperación o la malicia. Muchos adoran a Ranald, el multifacético Dios de los Embaucadores. Si bien mucha gente en el Imperio le reza en secreto para pedirle buena suerte, su adoración y suculto distan mucho de ser respetables y están prohibidos en muchas provincias.
Los rurales se ganan la vida viajando por los parajes salvajes del Viejo Mundo y viviendo de la tierra. Se enfrenta a muchos peligros en la naturaleza, pero las habilidades que practican quienes recorren el campo son invaluables para los grupos de aventureros. Un viaje a través de los bosques, pantanos y laderas del Viejo Mundo siempre conlleva peligros, pero los exploradores y cazadores hábiles pueden mitigar muchas dificultades. Taal, el Dios de lo Salvaje, es a menudo implorado por exploradores y similares.